Desconectar no es solo apagar la computadora: es dejar de pensar en tareas pendientes. Es darle un descanso a la mente, al cuerpo y a la energía que usás durante el día.
En el trabajo remoto o híbrido, muchas veces el límite entre lo laboral y lo personal se desdibuja. Terminás de trabajar, pero tu cabeza sigue activa, repasando mails o pendientes. Cuidar tu atención también implica entrenar el hábito de cambiar de modo, igual que entrenás tu concentración.
Y ese cambio empieza con gestos simples.
1. Escribí lo que quedó pendiente
Antes de cerrar el día, hacé una lista con lo que vas a retomar mañana. Este pequeño paso libera espacio mental y evita que sigas pensando en todo lo que falta hacer. Puede ser en papel o digital, lo importante es sacar las ideas de la cabeza.
2. Cambiá de ambiente o estímulo
Tu cerebro asocia sonidos, luces y objetos con el trabajo. Cambiá la música, bajá la intensidad de la luz o abrí una ventana: señales que indican “ya terminó la jornada”. Si tenés un escritorio plegable o rebatible Woox, guardarlo puede convertirse en parte de ese ritual.
3. Alejá el celular del espacio de descanso
Dejá el teléfono lejos del escritorio o incluso fuera del ambiente de trabajo. Esa pequeña distancia física reduce la tentación de revisar notificaciones y te ayuda a desconectarte de verdad.
4. Creá tu ritual de cierre
Puede ser algo tan simple como apagar la lámpara, estirarte o salir a caminar. Lo importante es repetirlo cada día para que tu cuerpo y tu mente entiendan que es hora de cambiar de ritmo.
Desconectar no significa desinteresarte del trabajo, sino preservar tu energía mental para poder volver con más enfoque y claridad.
Tu atención es limitada: cuidarla también implica saber cuándo detenerte. En Woox creemos que el bienestar empieza por el entorno: un escritorio cómodo, adaptable y fácil de guardar puede ayudarte a transformar tu rutina y tu mente.
Porque trabajar bien también incluye aprender a parar.
